Unidos

Unidos

Las fronteras imaginarias han logrado crear una realidad en la que nos creemos separados los unos de los otros. Donde observamos al que está detrás de esa línea con unos ojos de desconfianza, superioridad o miedo condicionados por estímulos sociales e históricos.

No sé que fue antes si las lenguas o las fronteras, pero el caso es que cada territorio tiene su particularidad idiomática y esto no hace otra cosa que hacer esa brecha entre los pueblos más grande.

Pero para bien del planeta los seres humanos viajamos y conocemos cada vez más lenguas pudiendo sentirnos más cerca de personas que viven en otros países e inconscientemente extendemos esta cercanía a todos los habitantes de ese país, aunque solo conozcamos a uno de ellos.

El sentimiento de unidad que está en nuestro interior va muy por encima de las fronteras que históricamente nos separan, y es que este sentimiento es tan profundo que las imposiciones ideológicas no le alcanzan aunque a veces parezca que si. Podemos mostrar más o menos unidad ante otros seres humanos, pero todos sabemos sean del país que sean, son nuestros semejantes.

Las tradiciones culturales y religiosas pueden hacer que veamos a esos otros humanos mucho más distantes de lo que en realidad están. Basta con mirar a sus ojos e incluso si puedes charlar con estas personas sobre su vida y verás que detrás de todos esos adornos sociológicos hay un sujeto lleno de sueños, ilusiones, miedos y preocupaciones muy parecidas a las tuyas.

El primer paso para acabar con las fronteras políticas es eliminarlas de nuestra mente, el corazón hará el resto.


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